
Más o menos hará cinco meses esta semana que el protagonista de este blog lleva con nosotros. En este tiempo creo que los tres hemos aprendido mucho pero sobre todo, lo que en concreto yo he aprendido, es que queda mucho más por aprender. En el transcurso de este tiempo no todo ha sido tan fácil como las imágenes de este blog pudieran mostrar, Ámbar no es el fácil y sumiso Harpo el cual ha estado en numerosas ocasiones presente. La personalidad de este animal, la cual sigue formándose está cargada de matices que nos han despistado más de una vez y que poco a poco ha ido confirmando lo que inicialmente sus criadores nos explicaron. Razón por la cual he ido modificando mi manera de pensar sobre la personalidad y el carácter de los perros en general.

El carácter que marca el estándar de estos perros deja bien claro que no es un perro confiado, el cual se muestre confiado ante los extraños o situaciones nuevas. Como nosotros no podemos hablar de la raza en general, pues razonablemente sólo conocemos a Ámbar y Koby, no nos atreveremos a decir que sea así, pero en lo que respecta a Ámbar, lo clava. Esta característica inicialmente puede parecer que el animal sea en ocasiones, aparentemente miedoso, sin embargo, si ahondamos en sus comportamientos lo que observamos es que gusta mantener distancia hasta confirmadas las intenciones de quién a sus ojos es un extraño.

De igual manera, tampoco es el típico perro que se motive con juegos con objetos inanimados. Lo suyo es el juego de verdad, cazar de verdad, correr detrás o delante de algo que respire, sienta e interactue. El resto, una vez descubierto el engaño, es un elemento más que si no es interesante a la hora de mordisquearlo, pasa a un plano lejano y su escala de intereses.

Ámbar no sólo está creciendo en tamaño sino que de igual manera lo está haciendo en carácter y personalidad. Es un animal tremendamente curioso, inteligente y cariñoso con nosotros. Pero también es fuerte de carácter y poco a poco va mostrando que con él no se podrá jugar así como así. Este último detalle es que más me ha preocupado y es el que espero sea el que demuestre que todo el trabajo de socialización haya servido para algo. Después, habrá tiempo para perfeccionar su adiestramiento, conseguir que sea un animal en todo caso educado y de fiar pero sin reprimir su lado salvaje que por otro lado me encanta.

Estos meses, muy a mi pesar, me han mostrado duramente en qué me equivoqué con Harpo. Estos meses, han descubierto que un perro como aquel en cierta medida fue un perro que por culpa mía dejó de pensar para simplemente cumplir lo que se esperaba de él y después de estos cinco meses, tengo claro que no quiero que sea lo que le pase a Ámbar. Seguiremos aprendiendo, seguiremos trabajando y sobretodo, seguiremos disfrutando.